Sobre bibliotecas y Bibliotecarios
Artículo escrito por Gustavo Adolfo Cárdenas, Director de la Biblioteca del Intep y enviado a la revista LIBRINSULA, producida por la Biblioteca Nacional de Cuba, por el Dr. Eduardo R. Burattini, presidente del Colegio de bibliotecarios de la provincia de Buenos Aires La Plata Argentina. El artículo fue publicado en dicha revista, año 1 n. 18 del 7 de mayo
SOBRE BIBLIOTECAS Y BIBLIOTECARIOS
Podemos decir sin lugar a equivocarnos que la Biblioteca es un pilar fundamental de la academia en todas sus manifestaciones. En el mundo de hoy la información cumple un papel preponderante en la cultura, en la educación, en la economía, en la familia. Y la biblioteca es la depositaria, administradora, gestora y difusora de la misma. Este Centro se convierte en el alma de la escuela y del pueblo al constituirse en la herramienta fundamental del trabajo académico de estudiantes, docentes, productores, amas de casa, al igual que de una amplia gama de usuarios que se ven beneficiados con los servicios que ofrece.
Sin embargo las bibliotecas han sido tradicionalmente relegadas a segundos y hasta terceros planos en muchas instituciones y países. En Colombia, por ejemplo, las bibliotecas han tenido una presencia silenciosa, y han vivido en statu quo gracias a varios factores que valdría la pena analizar:
En primer lugar se ha encontrado la desidia del estado y de las mismas instituciones frente a estos depositarios del conocimiento. La inversión social en los últimos años ha estado limitada la construcción de infraestructura para escuelas, colegios, hospitales, redes de servicios públicos, obras éstas muy importantes pero no propietarias de la exclusividad en términos de lo social. Incluso en educación una de las principales preocupaciones de los últimos gobiernos ha sido la ampliación de la cobertura del sistema educativo con respecto a la población potencial, más que la calidad de la oferta académica, los recursos con los cuales cuenta la población en proceso educacional.
La cultura no ha estado nunca en el ojo del huracán, la calidad educativa ha sido un discurso de los ministros y de los representantes del gobierno ante el sistema educativo, pero no ha sido objeto de planes precisos de inversión que garanticen logros significativos en todo el sistema. De manera especial los presupuestos para educación son cada vez más precarios, en contraposición al discurso de campaña de candidatos a cargos de poder. Ejemplo de esto es la "revolución educativa" del actual gobierno, que ha sido básicamente enfocada a hacer más con menos, reducir las plantas docentes, entregar instituciones nacionales a entes territoriales, acabar con las instituciones regentes de la educación tales como el recientemente
transformado y mutilado Icfes.
En segundo lugar está la natural concepción de los mandatarios locales hacia las bibliotecas públicas y casa de la cultura, las cuales por carecer de potencial electoral no son objeto de su interés. Municipios que se autoproclaman como cunas culturales (Roldadillo o Sevilla en el Valle, por ejemplo) le ofrecen a sus entes de desarrollo cultural los más pírricos presupuestos, lo cual implica la necesidad de contratar personal no calificado, laborar sin el equipamiento mínimo, disminuir la operacionalización de grupos de investigación o de acción cultural o educativa. Además la politización de los cargos hace que no exista continuidad en los procesos.
En tercer lugar está el hecho de que los mismos directores de las bibliotecas, en algunos casos por carencia de formación, en otros porque se dejaron contagiar de la apatía colectiva, dejaron de ser proactivos y empezaron a limitarse en su hacer, llegando al nivel de procesadores y prestadores de libros, sin panorámica de gestión, sin visión integral de su unidad de Información, sin capacidad para liderar procesos de desarrollo que lleven al usuario a las más variadas posibilidades de acceso a la información, o que hagan la oferta misma de la información.
Estructuras de poder rígidas donde los directivos de las Unidades de Información no tienen posibilidad de decisión ni injerencia en asuntos de presupuesto o inversión, también han contribuido a esta situación. La desestabilización de la Hemeroteca Nacional Universitaria, arrastrada por el hundimiento del Icfes, dejan apenas sin defensa cualquier discurso de apoyo al acceso a la información.
Apenas hace pocos años algunos gobernantes han comenzado a dar muestras de un genuino interés por la Biblioteca, en Bogotá proyectos como el de las megabibliotecas (El Tunal, El Tintal, La Virgilio Barco) empiezan a cubrir el gran déficit que apenas intentaba paliar la Biblioteca Nacional de Colombia, un ente local sin representatividad ni prospección nacional.
Quiero centrarme en un aspecto que ya mencioné en este comentario y que se puede constituir en el principio articulador de un verdadero renacimiento de las bibliotecas en la era de la información: Los profesionales en Ciencias de la Información, bibliotecólogos y archivistas.
En Colombia existen cuatro o cinco programas de formación profesional en esta área. Cada programa desarrolla énfasis específicos de acuerdo a la filosofía de las instituciones. La escuela Interamericana de Bibliotecología, por ejemplo, centra su fortaleza en el análisis de la información; la Universidad del Quindío en lo concerniente a la gestión de Unidades de Información y en formación lectora. Y así cada programa direcciona sus esfuerzos a una meta puntual que es la gradación de profesionales con un perfil deseable y específico.
Este pequeño ejército de profesionales apenas en los años recientes ha empezado a visionar una nueva etapa para los servicios de información en Colombia, y muchos de los proyectos de reevaluación de las unidades de información existentes o de creación de nuevas unidades apenas empiezan a mostrar resultados.
Los esfuerzos de pocos se ven disminuidos por la actitud un tanto estacionaria de muchos que aun no han reaccionado ante la necesidad de subirse a la caravana del desarrollo. El uso de nuevas tecnologías de información, la necesidad de contar con bases de datos locales para consulta de los acervos bibliográficos de las distintas Unidades, la necesidad de gestar nuevos servicios que involucren la integración entre los diferentes oferentes de información, son, cada vez más, los pilares sobre los cuales se construirá la nueva sociedad de la información, la del siglo XXI, que rebasa a la sociedad del conocimiento que nos antecedió, la que está hecha sobre los cimientos de los datos que por miríadas circulan en el ciberespacio y en otras fuentes.
Las bibliotecas son entonces depositarias de la memoria y la imaginación de los pueblos, son las depositarias de la historia escrita día a día. Seamos pues nosotros, los gerentes de la información quienes le demos su verdadera dimensión en el concierto nacional y mundial.
Gustavo Adolfo Cárdenas Messa
La arquitectura de Información es primero un acto, después una práctica, después una disciplina ..
Weblog Infosfera
SOBRE BIBLIOTECAS Y BIBLIOTECARIOS
Podemos decir sin lugar a equivocarnos que la Biblioteca es un pilar fundamental de la academia en todas sus manifestaciones. En el mundo de hoy la información cumple un papel preponderante en la cultura, en la educación, en la economía, en la familia. Y la biblioteca es la depositaria, administradora, gestora y difusora de la misma. Este Centro se convierte en el alma de la escuela y del pueblo al constituirse en la herramienta fundamental del trabajo académico de estudiantes, docentes, productores, amas de casa, al igual que de una amplia gama de usuarios que se ven beneficiados con los servicios que ofrece.
Sin embargo las bibliotecas han sido tradicionalmente relegadas a segundos y hasta terceros planos en muchas instituciones y países. En Colombia, por ejemplo, las bibliotecas han tenido una presencia silenciosa, y han vivido en statu quo gracias a varios factores que valdría la pena analizar:
En primer lugar se ha encontrado la desidia del estado y de las mismas instituciones frente a estos depositarios del conocimiento. La inversión social en los últimos años ha estado limitada la construcción de infraestructura para escuelas, colegios, hospitales, redes de servicios públicos, obras éstas muy importantes pero no propietarias de la exclusividad en términos de lo social. Incluso en educación una de las principales preocupaciones de los últimos gobiernos ha sido la ampliación de la cobertura del sistema educativo con respecto a la población potencial, más que la calidad de la oferta académica, los recursos con los cuales cuenta la población en proceso educacional.
La cultura no ha estado nunca en el ojo del huracán, la calidad educativa ha sido un discurso de los ministros y de los representantes del gobierno ante el sistema educativo, pero no ha sido objeto de planes precisos de inversión que garanticen logros significativos en todo el sistema. De manera especial los presupuestos para educación son cada vez más precarios, en contraposición al discurso de campaña de candidatos a cargos de poder. Ejemplo de esto es la "revolución educativa" del actual gobierno, que ha sido básicamente enfocada a hacer más con menos, reducir las plantas docentes, entregar instituciones nacionales a entes territoriales, acabar con las instituciones regentes de la educación tales como el recientemente
transformado y mutilado Icfes.
En segundo lugar está la natural concepción de los mandatarios locales hacia las bibliotecas públicas y casa de la cultura, las cuales por carecer de potencial electoral no son objeto de su interés. Municipios que se autoproclaman como cunas culturales (Roldadillo o Sevilla en el Valle, por ejemplo) le ofrecen a sus entes de desarrollo cultural los más pírricos presupuestos, lo cual implica la necesidad de contratar personal no calificado, laborar sin el equipamiento mínimo, disminuir la operacionalización de grupos de investigación o de acción cultural o educativa. Además la politización de los cargos hace que no exista continuidad en los procesos.
En tercer lugar está el hecho de que los mismos directores de las bibliotecas, en algunos casos por carencia de formación, en otros porque se dejaron contagiar de la apatía colectiva, dejaron de ser proactivos y empezaron a limitarse en su hacer, llegando al nivel de procesadores y prestadores de libros, sin panorámica de gestión, sin visión integral de su unidad de Información, sin capacidad para liderar procesos de desarrollo que lleven al usuario a las más variadas posibilidades de acceso a la información, o que hagan la oferta misma de la información.
Estructuras de poder rígidas donde los directivos de las Unidades de Información no tienen posibilidad de decisión ni injerencia en asuntos de presupuesto o inversión, también han contribuido a esta situación. La desestabilización de la Hemeroteca Nacional Universitaria, arrastrada por el hundimiento del Icfes, dejan apenas sin defensa cualquier discurso de apoyo al acceso a la información.
Apenas hace pocos años algunos gobernantes han comenzado a dar muestras de un genuino interés por la Biblioteca, en Bogotá proyectos como el de las megabibliotecas (El Tunal, El Tintal, La Virgilio Barco) empiezan a cubrir el gran déficit que apenas intentaba paliar la Biblioteca Nacional de Colombia, un ente local sin representatividad ni prospección nacional.
Quiero centrarme en un aspecto que ya mencioné en este comentario y que se puede constituir en el principio articulador de un verdadero renacimiento de las bibliotecas en la era de la información: Los profesionales en Ciencias de la Información, bibliotecólogos y archivistas.
En Colombia existen cuatro o cinco programas de formación profesional en esta área. Cada programa desarrolla énfasis específicos de acuerdo a la filosofía de las instituciones. La escuela Interamericana de Bibliotecología, por ejemplo, centra su fortaleza en el análisis de la información; la Universidad del Quindío en lo concerniente a la gestión de Unidades de Información y en formación lectora. Y así cada programa direcciona sus esfuerzos a una meta puntual que es la gradación de profesionales con un perfil deseable y específico.
Este pequeño ejército de profesionales apenas en los años recientes ha empezado a visionar una nueva etapa para los servicios de información en Colombia, y muchos de los proyectos de reevaluación de las unidades de información existentes o de creación de nuevas unidades apenas empiezan a mostrar resultados.
Los esfuerzos de pocos se ven disminuidos por la actitud un tanto estacionaria de muchos que aun no han reaccionado ante la necesidad de subirse a la caravana del desarrollo. El uso de nuevas tecnologías de información, la necesidad de contar con bases de datos locales para consulta de los acervos bibliográficos de las distintas Unidades, la necesidad de gestar nuevos servicios que involucren la integración entre los diferentes oferentes de información, son, cada vez más, los pilares sobre los cuales se construirá la nueva sociedad de la información, la del siglo XXI, que rebasa a la sociedad del conocimiento que nos antecedió, la que está hecha sobre los cimientos de los datos que por miríadas circulan en el ciberespacio y en otras fuentes.
Las bibliotecas son entonces depositarias de la memoria y la imaginación de los pueblos, son las depositarias de la historia escrita día a día. Seamos pues nosotros, los gerentes de la información quienes le demos su verdadera dimensión en el concierto nacional y mundial.
Gustavo Adolfo Cárdenas Messa
La arquitectura de Información es primero un acto, después una práctica, después una disciplina ..
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30/03/2005 16:52


